{"id":253,"date":"2015-04-14T09:44:37","date_gmt":"2015-04-14T09:44:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.blogdepsiquiatria.com\/?p=253"},"modified":"2015-04-14T09:44:37","modified_gmt":"2015-04-14T09:44:37","slug":"el-maltrato-psicologico-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.blogdepsiquiatria.com\/?p=253","title":{"rendered":"EL  MALTRATO  PSICOLOGICO   I."},"content":{"rendered":"<p>           \u00abUNA VIOLENCIA QUE NO SE VE\u00bb (Bl\u00e1zquez Alonso, Macarena y Moreno Manso, Juan Manuel)<\/p>\n<p>     La conducta violenta en la pareja supone el uso de la fuerza para resolver conflictos interpersonales en un contexto de desequilibrio de poder permanente o moment\u00e1neo (Corsi y Dohmen, 1995). Nos encontramos ante un tipo de violencia \u201cinvisible\u201d (Asensi,2008; Bonino, 1998) que puede entenderse como cualquier conducta, f\u00edsica o verbal, activa o pasiva, que atenta contra la integridad emocional de la v\u00edctima, en un proceso continuo y sistem\u00e1tico (Loring, 1994) a fin de producir en ella intimidaci\u00f3n, desvalorizaci\u00f3n, sentimientos de culpa o sufrimiento (L\u00f3pez, 2001; McAllister, 2000; Villavicencio y Sebasti\u00e1n, 1999).<\/p>\n<p>     Algunos autores, afirman que en las relaciones interpersonales la conducta violenta es usada para causar da\u00f1o a otra persona como sin\u00f3nimo de abuso de  poder. Sin embargo, en la violencia emocional  no hay registro del da\u00f1o por parte de la persona abusada, porque en la mayor\u00eda de los casos el abuso se fundamenta en el amor (Ravazzola,  1997).  Matthews (1984),  con una muestra  de  351  universitarios,  123 hombres y 228 mujeres, revel\u00f3 que 79 personas, el 22.8% de la muestra, narraron al menos un incidente de violencia en el noviazgo.<br \/>\nLas personas de ambos sexos admitieron su responsabilidad conjunta en el comportamiento violento, y ambos sexos, tanto en su papel de receptores o de emisores de agresiones interpretaron la violencia como una manifestaci\u00f3n de \u00abamor\u00bb.<\/p>\n<p>     En el contexto de la violencia de g\u00e9nero, datos del Instituto de la Mujer (2002), se\u00f1alan que el maltrato psicol\u00f3gico es la forma de maltrato m\u00e1s com\u00fan entre la mujeres que se auto clasifican como maltratadas, seguido del maltrato sexual, estructural, f\u00edsico y econ\u00f3mico. A su vez, nos encontramos con que la violencia psicol\u00f3gica puede ser inherente a la violencia f\u00edsica, anteceder a la misma, o bien se puede dar al margen de estas agresiones. En cualquiera de estos casos, el abuso emocional es m\u00e1s dif\u00edcil de identificar y evaluar que el resto (McAllister, 2000; Walker, 1979), por lo que se sugiere que su severidad sea estimada en funci\u00f3n tanto de la frecuencia con la que se da como del impacto subjetivo que supone para la v\u00edctima (Walker, 1979).<br \/>\nNo obstante, se han desarrollado varios instrumentos para medirla y existen diversos estudios que demuestran  que  sus  consecuencias  son  al  menos  tan  perniciosas  como  las  del maltrato f\u00edsico (O\u2019Leary, 1999). Algunos ejemplos de este tipo de maltrato son: las humillaciones, descalificaciones o ridiculizaciones, tanto en p\u00fablico como en privado, aislamiento social y econ\u00f3mico, amenazas de maltrato a ella o a sus seres queridos, destrucci\u00f3n o da\u00f1o a propiedades valoradas por la v\u00edctima (objetos o animales), amenazas repetidas de divorcio o abandono, etc. Tambi\u00e9n lo son la negaci\u00f3n de la violencia y la atribuci\u00f3n de responsabilidad absoluta a la v\u00edctima en los episodios de maltrato, as\u00ed como todos aquellos comportamientos y actitudes en los que se produce cualquier forma de agresi\u00f3n psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>     Taverniers (2001) recogi\u00f3 un amplio listado de conductas indicadoras de maltrato psicol\u00f3gico y las categoriz\u00f3 en funci\u00f3n del grado de evidencia de las mismas llevado a la pr\u00e1ctica. Algunos estudios han considerado como categor\u00edas distintas al maltrato emocional las siguientes: el maltrato econ\u00f3mico o financiero, que alude al control absoluto de los recursos econ\u00f3micos de la v\u00edctima; el maltrato estructural, que se refiere a diferencias y relaciones de poder que generan y legitiman la desigualdad; el maltrato espiritual, que alude a la destrucci\u00f3n de las creencias culturales o religiosas de la v\u00edctima o a obligarla a que acepte un sistema de creencias determinado (Instituto de la Mujer, 2000); y el maltrato social, que se refiere al aislamiento de la v\u00edctima, privaci\u00f3n de sus relaci\u00f3n sociales y humillaci\u00f3n en \u00e9stas (Instituto de la Mujer, 2002). Sin embargo, se prefiere considerar estos tipos de maltrato, como subcategor\u00edas del maltrato psicol\u00f3gico, ya que apuntan al control de la pareja a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n de un fuerte sentimiento de desvalorizaci\u00f3n e indefensi\u00f3n.<\/p>\n<p>     Actualmente,    Asensi  (2008)  reafirma  la  pertenencia  del  maltrato  econ\u00f3mico  o financiero  al  maltrato  emocional  como  una  forma  de  monopolizar  a  la  v\u00edctima,  y engloba los indicadores se\u00f1alados por Taverniers (2001) en los siguientes apartados: <\/p>\n<p>1. Abuso verbal:<\/p>\n<p>&#8211; Rebajar.<br \/>\n&#8211; Insultar.<br \/>\n&#8211; Ridiculizar.<br \/>\n&#8211; Humillar.<br \/>\n&#8211; Utilizar juegos mentales e iron\u00edas para confundir.<br \/>\n&#8211; Poner en tela de juicio la cordura de la v\u00edctima.<\/p>\n<p>2. Abuso econ\u00f3mico:<\/p>\n<p>&#8211; Control abusivo de finanzas, recompensas o castigos monetarios.<br \/>\n&#8211; Impedirle trabajar aunque sea necesario para el sost\u00e9n de la familia.<br \/>\n&#8211; Haci\u00e9ndole pedir dinero.<br \/>\n&#8211; Solicitando justificaci\u00f3n de los gastos.<br \/>\n&#8211; D\u00e1ndole un presupuesto l\u00edmite.<br \/>\n&#8211; Haciendo la compra para que ella no controle el presupuesto, etc.<\/p>\n<p>3. Aislamiento:<\/p>\n<p>&#8211; Control  abusivo  de  la  vida  del  otro,  mediante  vigilancia  de  sus  actos  y movimientos.<br \/>\n&#8211; Escucha de sus conversaciones.<br \/>\n&#8211; Impedimento de cultivar amistades.<br \/>\n&#8211; Restringir las relaciones con familiares, etc.<\/p>\n<p>4. Intimidaci\u00f3n:<\/p>\n<p>&#8211; Asustar con miradas, gestos o gritos.<br \/>\n&#8211; Arrojar objetos o destrozar la propiedad.<br \/>\n&#8211; Mostrar armas.<br \/>\n&#8211; Cambios bruscos y desconcertantes de \u00e1nimo.<br \/>\n&#8211; El agresor se irrita con facilidad por cosas nimias, manteniendo a la v\u00edctima en un estado de alerta constante.<\/p>\n<p>5. Amenazas con:<\/p>\n<p>&#8211; Herir.<br \/>\n&#8211; Matar.<br \/>\n&#8211; Suicidarse.<br \/>\n&#8211; Llevarse a los ni\u00f1os.<br \/>\n&#8211; Hacer da\u00f1o a los animales dom\u00e9sticos.<br \/>\n&#8211; Irse.<br \/>\n&#8211; Echar al otro de casa.<\/p>\n<p>6. Desprecio y abuso emocional:<\/p>\n<p>&#8211; Tratar al otro como inferior.<br \/>\n&#8211; Tomar las decisiones importantes sin consultarle.<br \/>\n&#8211; Utilizaci\u00f3n de los hijos.<br \/>\n&#8211; Se la denigra intelectualmente, como madre, como mujer y como persona.<\/p>\n<p>7. Negaci\u00f3n, minimizaci\u00f3n y culpabilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     En cualquiera de sus modalidades, lo que caracteriza fundamentalmente al abuso emocional es su car\u00e1cter sistem\u00e1tico y continuo (Loring, 1994), de manera que, a\u00fan cuando no existe violencia f\u00edsica, provoca consecuencias muy graves desde el punto de vista de la salud mental de las v\u00edctimas. Como en el caso del trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico, que puede ser diagnosticado en personas que han sufrido \u201cexclusivamente\u201d maltrato psicol\u00f3gico cr\u00f3nico (Echebur\u00faa y Corral, 1996). En un estudio  con  50  mujeres  v\u00edctimas  de  maltrato f\u00edsico  o  psicol\u00f3gico  severo,  el  38% cumpl\u00eda criterios para el diagn\u00f3stico de depresi\u00f3n mayor, con tasas de depresi\u00f3n significativamente m\u00e1s altas para aquellas mujeres que vivieron maltrato psicol\u00f3gico, que para las que padecieron maltrato f\u00edsico (O\u2019Leary, 1999).<\/p>\n<p>     En 1999, el Instituto Andaluz de Criminolog\u00eda de la Universidad de Sevilla, realiz\u00f3 un estudio epidemiol\u00f3gico sobre la violencia en la pareja,  tomando  como  base  para realizar una encuesta: la Canadian Violence Against Women Survey (Johnson, 1996), la Revised Conflict Tactic Scale (CTS2)  (Strauss, Hamby, Boney-McCoy y Sugarman, 1996) y la National Family Violence Survey 2 (NFVS2) (Strauss y Gelles, 1990).<br \/>\nLa investigaci\u00f3n se realiz\u00f3 con una muestra de 2015 mujeres, de las que 284 (14%) se identificaron a s\u00ed mismas como v\u00edctimas de abuso. La aplicaci\u00f3n del CTS2 revel\u00f3 que la forma de abuso de mayor incidencia era el maltrato psicol\u00f3gico (en un 57,73% de las mujeres, siendo el severo en el 15,21 de las mismas). A continuaci\u00f3n se situaba el maltrato f\u00edsico, en un 8,05% de las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>     No obstante, a pesar de la evidencia de estos datos que se\u00f1alan al abuso emocional como la cara m\u00e1s corrosiva del maltrato en la pareja, y que la utilizaci\u00f3n de estrategias de abuso psicol\u00f3gico es susceptible de producirse, en alguna medida, en cualquier relaci\u00f3n de interacci\u00f3n continuada entre dos o m\u00e1s personas, nos encontramos ante una realidad sesgada que sigue concediendo primac\u00eda al estudio del maltrato f\u00edsico en la pareja en detrimento del maltrato psicol\u00f3gico. De esta forma,   las opciones de interpretaci\u00f3n del origen del mismo resultan bastante limitadas quedando reducidas al terreno del paradigma sociocultural, vigente en la actualidad y altamente explicativo en el fen\u00f3meno de la violencia de g\u00e9nero. Dicho modelo constituye una critica a la cultura patriarcal en que vivimos y sostiene que la violencia conyugal es una consecuencia de la adquisici\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero, en la que los varones son socializados para dominar y agredir a los d\u00e9biles y a las mujeres (Baca, 1998; Callirgos, 1996). Argumento que, como es obvio, no resulta aplicable al terreno de las emociones (Bl\u00e1zquez, Moreno y Garc\u00eda-Baamonde, 2008) ya que,   a la hora de experienciar la realidad, tanto el hombre como la mujer tienen la misma capacidad de atentar contra el otro en la pareja.<br \/>\nLa evidencia cl\u00ednica muestra que una vez iniciado el conflicto, y a medida que va en aumento, el sexo del agresor no resulta un factor determinante a la hora de acometer malos tratos psicol\u00f3gicos muy agudos y da\u00f1inos (Steinmetz, 1980,<br \/>\n1981).<\/p>\n<p>     Por \u00faltimo, nos gustar\u00eda destacar en esta direcci\u00f3n la necesidad de poner en marcha estudios que favorezcan el conocimiento de aspectos tales a la prevalencia de indicadores y\/o manifestaciones de violencia psicol\u00f3gica en las relaciones de pareja, los factores de riesgo que favorecen la aparici\u00f3n y el mantenimiento del maltrato emocional, as\u00ed como de poner en marcha iniciativas dirigidas a prevenir las formas de violencia psicol\u00f3gica que desencadenan el maltrato f\u00edsico futuro en la relaciones de pareja. Para ello, es importante empezar a identificar la amplia gama de s\u00edntomas psicol\u00f3gicos y comportamentales consecuentes a la violencia en la pareja que se encuentran asociados a las distintas dimensiones que forman parte de la Inteligencia emocional (Bl\u00e1zquez y Moreno, 2008).<\/p>\n<p>     Por este motivo, consideramos de vital importancia la integraci\u00f3n en el \u00e1mbito educativo, dentro del contexto de la Educaci\u00f3n Secundaria, actuaciones dirigidas a prevenir la conflictividad en las relaciones de pareja a trav\u00e9s de la implementaci\u00f3n de programas basados en el entrenamiento de competencias comprendidas en la Inteligencia Emocional (Bl\u00e1zquez y Moreno, 2008) que permitan introducir cambios de actitud y comportamientos del alumnado en relaci\u00f3n a la pareja. S\u00f3lo as\u00ed, se facilitar\u00e1 la  protecci\u00f3n de conductas de riesgo y la potenciaci\u00f3n de h\u00e1bitos saludables en lo relativo a la convivencia en pareja, la planificaci\u00f3n de medidas preventivas al respecto y se proporcionar\u00e1 la metodolog\u00eda pertinente con vistas a reducir las dificultades e impedimentos que ocasiona el abuso emocional en la pareja.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abUNA VIOLENCIA QUE NO SE VE\u00bb (Bl\u00e1zquez Alonso, Macarena y Moreno Manso, Juan Manuel) La conducta violenta en la pareja supone el uso de la fuerza para resolver conflictos interpersonales en un contexto de desequilibrio de poder permanente o moment\u00e1neo (Corsi y Dohmen, 1995). 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